miércoles, 4 de marzo de 2009

Cintos y sentidos

Sumergido como siempre en esta pequeña tiranía de absurdos y burocracias, decidí embarcarme en un safari por el Oeste del conurbano, cambiando el salubre jeep por esa bella fortaleza precipitante de pasajeros: el ognibu.

Fue entonces que tras comprar 75 alfajores Tatín para obtener mi $1.20 en monedas (0.10 extras considerando el circulante falso que la maquinola regurgita), me encaramé en un colectivo que circulaba más a lo ancho que a lo largo de la Avenida Rivadavia, para gran alegría del pasaje.

Mientras el chofer accionaba bellamente los frenos, y una anciana era desparramada por el piso a la par que el punga de moda le escamoteaba la billetera con el bono de PAMI y $540 de jubilación, advertí que estacionado a la izquierda en un AMI 8, un señor con cabeza de Bon o Bon era multado por no llevar cinturón de seguridad.

Obviando el hecho que el colectivo llegaba 20 minutos tarde, que iba a un 400 % de su capacidad, y no respetaba ninguna regla de tránsito, empecé a analizar por qué los dichosos beneficiarios de un asiento no tenían ni una piola con la cual atarse.

Está bien, los que vamos parados jamás saldremos despedidos por lo apretada de la situación, pero los señores sentados estrellarán sus bonitas cabezas contra el asiento próximo, o harán un vuelo fugaz hasta los dados de peluche colgando del retrovisor del amado chofer (siempre marcan siete).

Ahondando en eso de los cinturones de seguridad, entiendo que reducen en un 50% la posibilidad de morir en un accidente, y un 100% la de resultar herido grave.

Mi dilecto amigo el ingeniero Nils Bohlin los inventó allá por 1959 con el apoyo de esos entusiastas muchachos de Volvo.

Claro que después llegó la tecnología y las airbags, algo que te puede salvar perfectamente la vida si tenés el poder adquisitivo para ello. De lo contrario, te damos una palmadita en el hombro y deseamos suerte, my dear crash test dummy.

Esas cosas contradictorias de la vida: si vos (estúpidamente) decidís que el cinturón es una feroz atadura, te multan.

Pero en el caso de las empresas de transporte es singularmente distinto: ellos ponen en juego tu vida porque miran su billetera y no invierten en cinturones de seguridad, la Comisión Nacional de Regulación de Transporte mira a un costado porque es más fácil y rentable; y vos miras al cielo rezando a Dios por llegar a casa sin que nada se cruce en el camino.

2 comentarios:

  1. Crash test dummy. Muy buena definición del pasajero!!
    Jaja!!
    Es preferible,.........
    reír que llorar

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