miércoles, 30 de noviembre de 2011

Yo renuncio



Es esto, deseo renunciar voluntariamente a mi subsidio. Me sumo a la novedad con Solita y alguna otra figura de moda. En el futuro, quizás adopte un niño asiático (porque la fauna del coño urbano no es chic).

Renuncio también a los cortes de luz no programados que lanzan los tres kilos de bola de lomo a un frenesí de huevo, pan rallado y provenzal. A la comilona orgiástica con el Tito y los tres nenes de culo fenomenal y pantalón caído que no pararán hasta convertirse en plomeros.

Renuncio al bajón de tensión que mortifica al disc man comprado en Ciudad del Este en el 96, con su secuela espasmódica de NO DISC y ese jeroglífico que es como una d pero no lo es. No lo debe ser.

Renuncio a que me estropeen el corso porque ABSA no distribuyó suficientes mamelucos azules para que esos pelotudos salgan a ajustar caños a tiempo. Renuncio precisamente a ese balde de agua indigno junto al inodoro. A jamas mirar un vaso a trasluz para aún ignorar la terrible realidad que cada día me enveneno un poco.

Renuncio al gas, que parece una cosa grandiosa, pero no lo es tanto. A esa lengua que debería ser naranja, o amarilla, o azul. En cualquier caso, no es como debe ser. Renuncio a la tortura y suplicio de un paquete de mostacholes

Renunciaría también al cable. Pero ese ya es otro tema, porque me quedaría sin enemigos.

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