viernes, 2 de diciembre de 2011

ESOS WACHITURROS




Sin reparar en que la primer aberración cultural de los Wachiturros es que se escribe con W. Al parecer, la W confiere un cariz intercionaloide al nombre, lo que de alguna manera inexplicable les agrada.

Bien dicho, el guacho, en términos más o menos pintorescos, sería un niño parido por ahí por vayunosaberquién.

En cierta forma son los Wachiturros, con sus piercings de bolitas blancas y negras y cortes entre yutisticos y caquisticos, niños huérfanos de un estado, una educación, un futuro.

Las señoras paquetas tiemblan ante la depreciación de sus carteras Lacoste al ver a uno de estos engendros de la pobreza, la falta de interés, la corrupción y Sábado Tropical, luciendo majestuosamente su chomba con un lagarto. Les repugna bastante no poder esconder esa gente que viaja en vagones de puertas abiertas, y poco a poco invade las tiendas para gente como uno.

Lejos están de saber que esa subhumanidad periférica viste zapatillas 10 veces más caras que sus zapatitos Grimoldi.

Los periodistas escupen ideas gloriosas acerca de esa vil clase media que permite al obrero observar por una ventana su mundo. Y realmente creen que todavía en Argentina existe una clase media, cuando en realidad todo se limita a una clase alta que se devora un poco a sí misma y mucho más al universo turista que empuja el tren.

Mientras tanto, una chica de cuatro años baila el paso de moda mientras murmura algo así como “Tírate / Tírate un paso”.

La familia festeja la anulación de su conciencia. Lacoste vende más y chombas y los Wachiturros evitan juicios de plagio.

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