Nos robamos la lluvia.
Bajo el techo de cielo
estrellamos gotas en un arco iris de cacerolas.
El relámpago pestañeó la noche,
los álamos ondularon,
el sauce lloró sincero.
Regada el agua de la farsa de techo,
las plantas domesticadas en macetas
tejieron su fábula silvestre, salvaje.
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