jueves, 22 de noviembre de 2012

GORRIONES ESTRELLADOS EN LA ESQUINA

Puede ser que a la vuelta de la vida aparezca una esquina que me salve. Sabés. El gorrión ha muerto con los pies o garras juntitas, como aferrado a algo. Eso no lo notará jamás el barrendero, que lo despedirá del mundo en unos 17.3 segundos. O sí. O tal vez sí. Y yo sólo sea un gordito prejuicioso que cree saber todo. Este gorrión puede haberse asomado a tu ventana. Puede haber saltimbanqueado el mármol del alfeizar, haberse demorado en un rayo de sol. De la misma manera, este gorrión puede, o no, haberte visto agonizar por cosas tan pequeñas. Y ahora el gorrión se ha estrellado, y yo no tengo alas.

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