Pienso que, cuando mañana lea mi cara, sabré que la noche fue una mentira. Que, este farol, ahora llamado Ernesto, será otro farol, pero inútil a la luz del día. Que habré pasado de largo la oportunidad de cumplir aquello para lo que no estaba destinado. Porque, los mejores héroes no son sino quienes desvían su camino. Aprovecharé el movimiento de los oficinistas audaces correteando por la 9 de Julio, negando el tremendo Obelisco, esquivando turistas alemanes blancos que piden a gritos un ladrón amable.
Creo que, compraré mi camisa, lustraré mis zapatos, tendré un gato y piedritas. Gritaré agónico un taxi. Iré suicida en vida cuerda.
domingo, 9 de diciembre de 2012
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